“Espiras de Vida” (E.M.S.B.)
“Ser Sensibles… Un modo de honrar la Vida”
“Cuando el ojo no está bloqueado, el resultado es la visión. Cuando la mente no está bloqueada, el resultado es la sabiduría y cuando el espíritu no está bloqueado,
el resultado es el amor” (Proverbio chino)
Honrar la vida en todas sus manifestaciones es sentir que ella vibra en el cuerpo, en la mente y en el corazón; es hacer lo mejor posible para sostener nuestra sintonía con ella, buscando balance a cada paso, en cada despertar, en cada pausa, en nuestro tiempo libre y -aún- durmiendo y reciclando nuestra energía cotidiana.
Honrar la vida es celebrarla sin condiciones, con entrega total y absoluta; es danzar con ella durante nuestra permanencia planetaria, como si fuera nuestra compañera infinita de todas las danzas.
La naturaleza “no hace milagros, hace revelaciones” –dice Carlos Drummond de Andrade- Y, sí! La naturaleza nos muestra el camino; nos refleja en un “espejo vital” para que podamos “vernos” en lo profundo; para poder reconocernos en nuestra esencia; para poder transformarnos en seres conscientes de nuestra existencia y de nuestra esencia humana, planetaria y espiritual.
En la naturaleza están nuestras raíces y si nos alejamos de ella, nuestro espíritu se debilita. La naturaleza puede ayudarnos a tener ideas más claras y pensar de un modo más relajado acerca de la vida, de nosotros y de nuestro entorno.
Pero… ¿nos damos cuenta de esto? Diría que para que así sea, necesitamos “ojos para ver”, “oídos para escuchar” y un corazón abierto y receptivo para poder sentir, para poder abrazar amorosamente la vida y ser capaces de decirle “¡gracias vida!” por todo; por ser nuestra gran maestra cotidiana; por ser la guía sabia que nos acompaña en nuestra residencia planetaria y nos muestra el camino; por ser la que nos ayuda a comprender lo que nos acontece en la vida personal y –también- en la convivencia grupal (que incluye todo nuestro entorno).
Necesitamos aprender a salir del dominio del pensamiento y la locución y entrar en el mundo de los sentimientos, las emociones, las sensaciones, el amor y la intuición, porque pueden revelarnos mucho más de nosotros mismos y de la vida, de lo que podemos imaginar.
Hablemos un poco de nuestro “ser sensibles”
¿Qué significa “ser sensibles?
Ser sensibles -de algún modo- es ser conscientes de nuestra capacidad sensorial y perceptiva; es dejar que nos conmueva la vida en todas sus expresiones, en todos sus modos de vibrar y de manifestarse.
Ser sensibles es poder entrar en sintonía con todo lo que nos rodea: con los seres vivos, con la diversidad de sus expresiones, con el arte, la música, el movimiento y todas las expresiones del alma.
Ser sensibles –también- es dejarnos conmover por los sonidos; por las palabras con corazón; por las actitudes amorosas… por las melodías de la vida y -también- por los silencios profundos que a veces nos abrazan.
Ser sensibles es poder conectarnos con ese universo de “sensibilidad profunda” que nos reúne en la diversidad, y -desde ese “sentirnos seres sensibles”- aprender a convivir en este mundo planetario que nos aloja.
Ser conscientes de nuestra propia sensibilidad nos vuelve más humanos; más receptivos; más atentos; más perceptivos en relación con todos nuestros vínculos, tanto con los seres humanos como con los demás seres vivos y nos habilita para encontrar múltiples formas posibles de comunicación con el mundo que nos rodea.
La importancia de conectarnos con nuestra sensibilidad y ponerle voz.
Hablemos de revalorizar la expresión nuestro “ser sensible”
A veces, no expresamos fielmente lo que sentimos y lo que nos conmueve. Tal vez sea porque no estamos habituados a hacerlo libremente; o tal vez, por vergüenza; o porque la expresión de nuestro “ser sensible” no tiene “tanta prensa”; o porque sobrevaloramos la intelectualidad y lo racional… Tal vez, sea una incógnita que está necesitando de nuestra atención para encontrar respuestas.
Acontece que, cuando no logramos sintonizarnos con la voz de nuestro ser sensible, las relaciones se resienten, enferman y, también, la convivencia.
La sensibilidad nos da libre acceso a mucha información que permanece oculta para nuestra mente pensante y también, nos ayuda a filtrar los datos ofrecidos por el intelecto, para llegar a los contenidos esenciales de la información.
Y como “la naturaleza hace revelaciones”, necesitamos de toda nuestra sensibilidad para comprender más fácilmente sus códigos y luego, captar la información esencial que ella nos ofrece.
Entonces, parece que es tiempo de revalorizar la importancia de conectarnos con nuestra sensibilidad y dejar oír la voz de nuestro “ser sensible” para poder vincularnos más armoniosa y profundamente con todo lo que nos rodea y generar modos de convivencia que estén en balance con la vida en todas sus manifestaciones.
Es tiempo de renovar nuestra mirada; de observar con “ojos nuevos” el mundo de los sentimientos y de las emociones; de abrir las puertas de ese mundo sensible para sintonizarnos con él conscientemente, trascendiendo cualquier modo de especulaciones que prioricen “las apariencias” sobre “lo auténtico y genuino”, accediendo a modos de comunicación que contribuyan a una mejor calidad de convivencia humana y planetaria.
Y… ¡No es una utopía! Es un acto voluntario y una decisión personal de hacerlo realidad.
Estereotipos culturales, acuerdos sociales y normas emergentes que interfieren en la buena convivencia
Muchas veces, acuerdos sociales y estereotipos culturales originan normas sociales emergentes que se transforman en barreras para la expresión del ser sensible que somos. Estas normas son limitantes y van creando interferencias en las relaciones interpersonales y en los vínculos con la naturaleza y todo el entorno, volviéndose destructivas y patológicas.
Esto me lleva a recordar a la “normosis”. 1 La “normosis” es la llamada “patología de la normalidad” que involucra normas, conceptos, valores, hábitos, modos de pensar, sentir y hacer que se aceptan por consenso social, que provocan sufrimiento y -por lo tanto-se vuelven patológicos y patógenos, enfermando a la sociedad.
Es una patología típica de estos tiempos; es silenciosa, de carácter automático e inconsciente y es por eso que es difícil su identificación.
En su aspecto sistémico involucra un contexto que se caracteriza por la violencia; la falta de respeto, de responsabilidad y de cuidado; la incapacidad de escuchar a los demás; la abundancia de corrupción; la “des-humanidad”; el exceso de egocentrismos; el culto a la personalidad y la ausencia de compasión y empatía. Cuando todo esto se acepta como normal estamos frente a la llamada “normosis”, que describe la adaptación a un sistema enfermo al que se sustenta y justifica, manteniéndolo vigente. La “normosis” aplica también al medio ambiente, como por ejemplo, sostener hábitos contaminantes y de descuido del ambiente con el fin de conservar la zona de confort.2
Necesitamos transformar conscientemente nuestro modo de convivir inspirados por el espíritu de la Cultura de Paz.
Las múltiples formas de “normosis” que experimentamos en estos tiempos se han convertido en un urgente llamado a conectarnos con nuestro “ser sensible”. Ésta es –quizás- una de las claves esenciales para sanar nuestro modo de convivir y contribuir –voluntaria y conscientemente- con la manifestación de la auténtica hermandad de la gran familia humana, haciendo de nuestro mundo una realidad global de Paz en todas sus expresiones posibles.
No es la economía o el poder del dinero lo que “salvará al mundo", sino la expansión y el fortalecimiento de nuestra sensibilidad y la consolidación de la conciencia de nuestra triple identidad: la de ser “seres espirituales, humanos y planetarios”.
Hacia dónde tendremos, entonces, que llevar nuestras miradas? Hacia adelante para saber a dónde vamos; hacia atrás para recordar de dónde venimos; hacia abajo para no pisar a nadie en el camino; hacia los costados para poder ver claramente quiénes nos acompañan en las buenas y en las malas; hacia adentro para sostener nuestra coherencia entre el sentir, pensar-decir y hacer y hacia arriba para ser conscientes que hay una Energía Superior que siempre nos guía y nos abraza.
Procuremos conscientemente estar en el presente; sentir nuestra presencia plena; escuchar auténticamente a los demás e incluir, en nuestra vida diaria, la práctica de “ir hacia adentro de nosotros mismos” y descansar del “afuera”… porque cuando miramos hacia adentro, despertamos a nuestro “ser consciente” para poder transformarnos en auténticos seres de Paz.
Hagamos –entonces- todo lo mejor posible para que nuestra propia transformación sea el punto de partida para la transformación global hacia un mundo en el que prevalezcan la auténtica hermandad, el respeto y el cuidado amoroso de todos los modos de vincularnos en este planeta.
Esther Mónica Shocron Benmuyal
Embajadora
de Paz
Distinción otorgada por la Fundación Mil Milenios de Paz
http://alaluzdelavida.blogspot.com
http://semillasluzparalavida.blogspot.com
1El término “normosis” fue introducido por Roberto Crema junto con Pierre Weil y Jean-Yves Leloup, para describir una patología muy común en estos tiempos que vivimos y que en más de una oportunidad ha sido –y aún lo es-banalizada.